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Comunicados de Prensa

Cookies buenas, cookies malas: matemos las cookies.

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En conmemoración del día mundial del internet, que se celebra el próximo 17 de mayo, expertos de la UOC analizan el futuro de las cookies ante los anuncios de Google.

Pocas cosas hay en la web que desaten tantas pasiones como las cookies. El usuario medio, aunque no sepa qué es una cookie, ha leído sobre este término en cada visita web que realiza, en donde de seguro las ha aceptado. Algunos otros, optan bien por hacer clic en ese misterioso botón de «personalizar cookies», bien sea por usar alguna de las múltiples opciones o para rechazarlas por defecto. Pero ¿qué son las cookies? Parafraseando a la Wikipedia, una cookie es una pequeña información enviada por un sitio web y almacenada en el navegador del usuario, de manera que el sitio web puede consultar la actividad previa del navegador. «Imagina que una cookie es una especie de «post it» que el sitio web deja en nuestro navegador con cuatro notas sobre nosotros» explica César Córcoles, Profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Pero las cookies no solo puede escribirlas, y leerlas, el servidor al que el usuario se ha conectado «si accedo a cualquier medio de comunicación financiado a través de la publicidad, podré comprobar que otros múltiples servidores han almacenado cookies en mi navegador» explica Córcoles.

Si accedemos a prácticamente cualquier web de un medio de comunicación podremos comprobar que, al hacerlo, múltiples sitios web almacenan también cookies, es decir, las llamadas «cookies de terceros». «En general, esos otros sitios son empresas que se dedican a mostrarnos publicidad, y, de paso, financiar al medio de turno. Algunas de esas empresas son respetuosas con nuestra privacidad. Pero desafortunadamente, también existen las que estiran la legalidad hasta extremos de muy dudosa ética» afirma el profesor de la UOC.

Cookies buenas, cookies malas… matemos las cookies

«No me atrevería a calcular cuántos clics he hecho aceptando, o no, las cookies. Tampoco podría calcular cuánto han protegido mi privacidad, pero estoy convencido de que mucho. Pues ,algunas de las normas que existen, han protegido los derechos de personas de todo el planeta, pues para algunas compañías es más fácil aplicar la normativa universalmente que intentar diferenciar a los usuarios por regiones en el mundo» indica el experto.

Esas normas, además, han dado un empujón a los desarrolladores de navegadores para cuestionarse si las cookies de terceros son una idea que merece seguir viva, es decir, a navegadores como Google Chrome y sus múltiples primos, Microsoft, Edge, Opera y muchísimos otros. Y aunque desde luego, existen otros navegadores como Safari o Firefox, la cuota de mercado de Chrome lo ha convertido, de facto, en el jugador más importante a la hora de decidir cómo funcionan las cosas. «De hecho, tanto Firefox como Safari hace ya un tiempo que no aceptan cookies de terceros, pero al mundo de la publicidad apenas le ha preocupado».

Google ha decidido ahora, finalmente, que las cookies de terceros, que son las más preocupantes para la privacidad, deben morir también en Chrome, y anuncia que dentro de un año Chrome dejará de aceptar las dichosas cookies de terceros. Para Córcoles «todos deberíamos alegrarnos por ello. Pero es un poco intrigante que Google, y su empresa matriz Alphabet, que obtiene algo así como el 90% de sus ingresos de la publicidad, tome una decisión que aparentemente implica matar la gallina de los huevos de oro».

¿Hay vida después de las cookies?

A nadie sorprenderá lo que propone Google «y debe quedar claro que es tan solo una propuesta, es sustituir las cookies por otro mecanismo que proteja mejor nuestra privacidad, pero que permita seguir generando publicidad personalizada» explica el experto; y esa publicidad no es inherentemente mala, es incluso, potencialmente mucho menos mala que la publicidad no personalizada a la que nos exponemos cada vez que vemos la televisión, escuchamos la radio o leemos un diario o revista en papel, y financia los medios que consumimos.

La propuesta de Google, que ya ha comenzado a probar en algunos países, se llama FLoC (Federated Learning of Cohorts). El navegador sería el encargado de elaborar un perfil del usuario en función de las páginas que visita en la web y asignarle a una cohorte, «por ejemplo, personas interesadas en coches de gama alta», o «personas que han estado buscando información sobre destinos vacacionales». Esa información permanecería en el ordenador del usuario, una vez asignada la cohorte, la cual iría cambiando con el tiempo, el navegador la comunicaría a las páginas web que visita, y con esta información, los servidores elegirían los anuncios a mostrar. Según Córcoles «todos ganan, las webs continúan mostrando anuncios bien pagados, y los usuarios no ponen en riesgo su privacidad para financiar el sistema, ¿o no?».

Según la EFF, una prestigiosa fundación estadounidense que lleva treinta años dedicada a la defensa de la privacidad digital, la libertad de expresión y la innovación, la propuesta de Google elimina los riesgos de privacidad actuales de las cookies, pero crea nuevos por el camino.

¿Echaremos de menos las cookies?

El cambio que propone Google se puede llevar por delante a muchas de las empresas que se dedican a colocar anuncios en las webs que visitamos. A bastantes de esas empresas los consumidores no las vamos a echar de menos, pues sus más que discutibles prácticas nos han llevado a la situación actual,  «y casi todos saldríamos ganando, pero también hay empresas del sector que cumplen con la legalidad y respetan nuestra privacidad, pero para las que el futuro es bastante oscuro», afirma el profesor.

Para Córcoles, si Chrome se carga las cookies de terceros e impone FLoC, quedarán en el mercado web dos grandes vendedores de publicidad: Google y Facebook «Los medios lo suficientemente grandes como para poder perfilar a sus usuarios por el tráfico interno, podrán vender sus espacios publicitarios directamente a los anunciantes y no verse muy afectados por la tormenta, pero muchos otros medios podrían acabar expuestos a un duopolio que, al menos de salida, despierta una cierta desconfianza».

A lo que añade,  «quizás nos daremos cuenta que el aplastante dominio de un navegador creado por una empresa publicitaria no es una buena idea. Con un poco de suerte un porcentaje de gente volverá a Firefox o, al menos, a otros primos de Chrome menos controlados por Google. O quién sabe, incluso es posible que esos primos acaben divorciándose de Chrome y recuperemos algo de diversidad en el ecosistema de los navegadores en la web, que anda muy falto de ella».


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Periodista, professor y fanático de la tecnología, los negocios 2.0, el mkt, y la música electrónica. Editor de los portales onedigital.info y pcformat.info http://www.onedigital.info

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